Jaime Incer Barquero, científico y ambientalista, afirmó que las afectaciones que sufre el río Coco, como consecuencia de las actividades ganaderas y agrícolas, tendrán un (gran) impacto entre los habitantes de las comunidades indígenas que lo utilizan como vía de comunicación, y que la capacidad productiva de la pesca se verá disminuida, debido a la sedimentación que arrastra hasta la zona del Mar Caribe.
Al no tener control sobre las actividades agrícolas y sobre la ganadería extensiva que se practica por el lado de Honduras y por el de Nicaragua, el río Coco podría “secarse”, y al sedimentarse en mayores cantidades, terminaría “desapareciendo”, precisó Incer Barquero.
“Al secarse y sedimentarse va a terminar desapareciendo, y todo ese lodo producto del despale de las colinas, va a afectar la pesca marina en la zona de los Cayos Miskitos; estos sedimentos salen al mar y se esparcen”, dijo el científico, quien también es exministro de Recursos Naturales y del Medio Ambiente.
Los Cayos Miskitos son una zona rica en formaciones coralinas que no pueden prosperar en aguas lodosas o turbias, insistió el también Asesor Presidencial en Medio Ambiente.
“El río, despojado de su cobertura forestal, lo que va a hacer es arrastrar lodo o arena, y las corrientes marinas agarran todos esos materiales en suspensión y enturbian las aguas donde hay una buena pesca”, enfatizó el experto.
Ya está afectada su navegabilidad
A su vez, el subdirector del Centro Humboldt, Víctor Campos, agregó que el río Coco, considerado el más grande de Centroamérica, está sufriendo “un despale indiscriminado” por el lado nicaragüense, pero también por el lado hondureño, donde grandes ganaderos están avanzando hacia la ribera. Lo anterior afecta, según Campos, la navegabilidad en el río que sirve como ruta de comunicación entre los habitantes indígenas que viven a orillas de la cuenca.
Campos explicó que los habitantes de Wiwilí, Nueva Segovia, por ejemplo, en la actualidad tienen que recorrer ocho kilómetros río abajo para poder subir al bote y navegar sobre el caudal.
“Hace ocho años lo tomaban en Wiwilí, después pasó a un lugar que se llama El Carmen, y ahora río abajo en Las Piedras, o sea en que en este tiempo se ha tenido que mover el puerto de embarque para navegar el río, esto está haciéndose sentir desde hace varios años”, comentó Campos.
Reforestar sería una acción inmediata
Los especialistas en el tema sugieren un ordenamiento en la cuenca, que detenga las actividades ganaderas que se hacen de forma extensiva y el despale de los bosques.
Cualquier regulación o acción a tomar está contenida en la Ley 620, Ley General de Aguas Nacionales, explicó Campos.
La Ley indica que el Estado deberá promover el desarrollo económico y social por medio de la conservación, desarrollo y uso sostenible del agua, un patrimonio de la Nación.
“La ganadería extensiva requiere la destrucción de amplias áreas forestales en territorios donde el suelo es productivo desde el punto (de vista) forestal, pero no desde la perspectiva ganadera”, añadió Incer Barquero. Recordó que una de las acciones inmediatas para salvar el río Coco, es desarrollar trabajos de reforestación.
“Todos los ríos de Nicaragua deben ser reforestados en su ribera para aumentar su caudal, y evitar que se sigan secando por las escorrentías producidas en terrenos despalados”, dijo.
Bajo riesgo 52,000 habitantes
La fuerte sequía que golpea al río Coco amenaza fuertemente la seguridad alimentaria de al menos unas 70 comunidades indígenas, cuya población supera los 52,000 habitantes, que viven en las riberas del río, aseguró por su parte Alex Fernández, Alcalde de Waspam, municipio que se ubica a 632 kilómetros de Managua.
Según el munícipe, la invasión de ganaderos olanchanos es la principal causa del gran daño ambiental ocasionado al río, los cuales, aseguró, tampoco permiten que los indígenas puedan hacer uso de las tierras del otro lado del río, como ha sido tradicionalmente. “Nosotros escuchamos la preocupación de los líderes comunitarios y la de los gobiernos territoriales al respecto”, agregó Fernández.
Aumentan costos del transporte
Sin embargo, este no es el único problema que atraviesan los indígenas que habitan la ribera del río Coco, ya que la fuerte sequía, nunca antes vista, ha agravado los costos de transporte para la municipalidad.
“El costo de la ejecución de los proyectos se ha disparado por el difícil acceso, esta es la única vía de transporte que se usa para llegar a las comunidades ubicadas río a arriba y río abajo, y ahora hay partes donde debemos pagar adicional para transportar los materiales”, comentó el edil.
La preocupación de las autoridades municipales ha aumentado, ya que en las últimas semanas los líderes indígenas han alertado sobre la construcción de una carretera cerca del río Coco, del lado hondureño, lo que ha representado primero despale y luego la introducción de equipo de construcción.
Fernández aseguró a El Nuevo Diario que aún no tienen información concreta sobre quiénes son los que están construyendo la carretera, pero manifestó que versiones de líderes de la zona indican que son obras ejecutadas por la Alcaldía de la Mosquitia, con sede en Puerto Lempira, pero no descartó que pueda haber también otros intereses, sin precisar cuáles.
Tan importante como el San Juan o el Golfo de Fonseca
Por su parte, el Presidente del Consejo Regional del Atlántico Norte, Carlos Alemán Cunningham, al ser consultado por este diario aseguró que han propuesto a la Cancillería buscar un acuerdo binacional para proteger el río Coco, sin embargo, precisó que el daño ambiental es producto del avance de la frontera agrícola del lado hondureño.
Jadder Lewis, especialista en pueblos indígenas y medio ambiente, apuntó que el río Coco debería mover igual interés y preocupación (por parte) del Gobierno de Nicaragua, como ocurre con el río San Juan y con el Golfo de Fonseca.
“Nicaragua no ha hecho un esfuerzo decidido sobre el derecho de las comunidades indígenas que viven a la orilla del río Coco, porque no tiene igual atención que la cuenca del Golfo de Fonseca o el río San Juan, porque el gobierno está preocupado por asegurar los derechos de pescadores salvadoreños y hondureños para la convivencia pacífica, pero no se preocupa por las amenazas de la expansión ganadera sobre el río Coco”, insistió Lewis.
Para Lewis, la deforestación en suelo nicaragüense en Bosawás, en las riberas de los ríos Bocay y Waspuk, que desembocan en el Coco, ha incidido en la sequía que golpea este importante río, por lo que asegura es un problema binacional ocasionado también por la expansión ganadera del lado de Honduras.
Lewis añadió que las consecuencias son severas, principalmente en los sistemas tradicionales de cultivo de las comunidades, ya que estos estaban en dependencia de suelos más frescos porque el río mantenía irrigación sobre el suelo, cuya calidad era más fértil. (La situación) actual ha provocado que caigan los niveles de producción, ya que el suelo se ha erosionado, por lo que amenaza la soberanía alimentaria de las comunidades.
Otro efecto es la salud, pues estas poblaciones dependían del agua del río, ya que los niveles de sequía han afectado los pozos que usan para consumir el agua, provocando mayor riesgo de contraer enfermedades.
Finalmente, observó que el costo del transporte ha sido afectado, ya que los indígenas usaban balsas aprovechando la corriente del río, pero estas ya no pueden ser usadas.
Declarar zona vedada
El científico nicaragüense Jaime Incer Barquero recomendó declarar área de veda unos 20 kilómetros lineales en la ribera sur del río Coco, donde se permitan solamente “los cultivos de los indígenas en pequeñas parcelas” para evitar cualquier tipo de explotación de los bosques.


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