Actividades ganaderas y agrícolas estan secando el Río Coco.

No es una carretera en el Caribe Norte. Es el río Coco, el más grande del país y de Centroamérica, visto desde lo alto de Waspam, que sufre las consecuencias de la deforestación, de la ganadería extensiva practicada del lado hondureño y del cambio climático. Melvin Vargas / END...
El río Coco se está secando. Sufre de estrés hídrico por las distorsiones climáticas y por las actividades ganaderas y agrícolas que se practican en sus riberas: del lado hondureño y del lado nicaragüense. “Nunca, nunca hemos visto, como ahora, esos montones de tierra a mitad del río. En algunas zonas se puede cruzar el río caminando”, comenta preocupada Reina Panty, una pobladora de Waspam.

“Antes, en la orilla del río había unos enormes árboles. Hace unos cuatro, cinco años, el río se seca más en cada verano. Usted puede ver montones de tierra en el centro y a los lados. Los olanchanos (hondureños) han despalado y están haciendo, ¡uhh, un montón de potreros!”, cuenta Vladimir Pérez, wihta (juez comunitario) en Kizalaya, una comunidad ubicada sobre la ribera del río.

El Coco nace en Honduras y sirve de frontera entre ese país y Nicaragua. Según la Dirección de Recursos Hídricos y Cuencas Hidrográficas, del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales, Marena, la cuenca número 45 corresponde a la de este río, el más grande del país y de Centroamérica.

Según el Marena, en la caracterización de la cuenca número 45, que corresponde a este río, del lado nicaragüense cubre un área aproximada de 19,969 kilómetros cuadrados, y está compartido en los departamentos de Nueva Segovia, Estelí, Madriz, Jinotega y parte de la Región Autónoma del Atlántico Norte, RAAN.

Meléndrez Prado tiene una lancha con capacidad para 30 personas. La gente que va hasta Kipla, río arriba, paga C$1,000 por el viaje, que dura dos días. Dice Prado que en algunas zonas, los pasajeros bajan de la lancha y ayudan a empujarla, sacándola así del terreno sedimentado. Para él esto es algo normal.

Panorama desolador

Sin embargo, para el capitán Leflys Bonilla, jefe policial de Waspam, el panorama es simplemente desolador. “Parece que el río se va a convertir en una carretera”, comenta lapidario.

¿Cómo el temido Coco disminuyó su afluente de esa manera? Filiberto Hodgson, especialista en manejo de bosques, sostiene que muchas son las causas que han provocado la situación de estrés hídrico que atraviesa el río.

“Influye la deforestación y el cambio del uso de la tierra. Al río Coco se le está atacando desde dos frentes. Toda la ribera está drásticamente afectada y todos los afluentes están sufriendo procesos erosivos y de deforestación”, dijo Hodgson.

Arlen Córdoba, experta en manejo integrado de cuencas hidrográficas, explica que “todo lo que se hace en la parte alta de la cuenca, tiene efectos positivos o negativos en la parte media y baja”.

Así, pues, “si arriba no estás conservando o manejando adecuadamente el área de recarga acuífera, que es donde nace el río, es lógico que el efecto del cambio climático y de las actividades antropogénicas, como las ganaderas y agrícolas, tendrán mayor impacto, provocando una disminución en el caudal del río”.

Malos inviernos


Norving Torres, especialista en manejo de vida silvestre, considera que una de las claves para entender la situación actual del río está en los inviernos.

“Desde hace más de cinco años no ha habido un invierno copioso. Ha habido déficit de precipitación”, dice Torres, para quien Honduras no está aportando agua por infiltración, debido a la ganadería extensiva que se practica en la ribera del lado catracho.

“Hay una situación de estrés hídrico que no existía desde hace varios años, el año pasado no hubo un invierno tan copioso”, añade el especialista.

En la zona de Waspam, donde los comunitarios relatan con preocupación cómo ha bajado el caudal del río, el clima es monzónico tropical. Sin embargo, los últimos inviernos han sido cortos e intensos.

Para Rosa Hernández, quien vende cerca del muelle de Waspam, más que un problema ambiental, el bajo caudal del río está ocasionando problemas económicos a los miskitos asentados en su ribera, que cultivan granos básicos y que luego transportan las cosechas en batós.

“Ellos pasan todo el día en ese río arrastrando los motores porque se les pegan. Últimamente están sacando su producción en carros, y entonces el negocio no se mueve. La gente se queja mucho y estamos esperando el invierno, pensando que la situación va a mejorar”, comenta Hernández.

Hay jóvenes miskitos que se atreven a cruzar el río a pie. Otros, mayores, que nacieron cuando el Coco era sinónimo de agua en abundancia, extrañan ese enorme caudal que les permitía, incluso, navegar en balsas.
Casi una carretera

“Parece que el río se va a convertir en una carretera”, comenta lapidario el capitán Leflys Bonilla, jefe policial de Waspam.

Matilde Córdoba/END


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